| Baja el fuego |
Un buen cocinero sabe bien que, para que la comida se asiente en condiciones, hay que ponerla a fuego lento, como dijera Rosana. Pretender que algo se cocine rápido para poder servir o comer antes solo nos llevará a alimentos poco preparados, carne cruda por dentro, salsas que no han sido debidamente absorbidas y defectos por el estilo que restarán calidad a nuestro plato. Al igual que el comensal debe tomarse su tiempo en paladear bien los sabores (ahí suelo fallar yo), un buen cocinero debe tomarse su tiempo en generar en condiciones dichos sabores. La armonía entre el cocinero y el comensal, haciendo un debido uso del tiempo, es lo que propina la excelencia culinaria.
Y es que el tiempo, amigos míos, es la clave del correcto desarrollo de un sinfín de proyectos vitales junto a la meticulosidad y la humildad. Y sin embargo, ay, vivimos en una época donde los cambios se producen a tal velocidad que no existe la cohesión y no hay forma de adaptarse a ellos.
Pongamos un hogar promedio. En él pueden llegar a convivir tres o cuatro generaciones de personas en un momento dado. En mi familia hemos visto casos de bisabuelos, abuelos, hijos y nietos coexistiendo en una misma sala. Pues bien, el mundo que esas cuatro generaciones ha conocido es diametralmente distinto para cada uno de ellos. Quizás, excluyendo factores externos como la guerra, el bisabuelo y el abuelo puedan tener más puntos en común en la infancia, pero de ahí, todo es alta intensidad.
Un abuelo ha podido crecer jugando a la rayuela, a la pelota y a las canicas. El hijo ha coqueteado con los primeros micrordenadores y consolas y el nieto directamente ha empezado a usar móviles antes que a hablar. Y no estoy siendo exagerado. Veo a niños de mi familia con edades ciertamente tiernas manejar un teléfono móvil mejor que muchos adultos que he conocido.
Sirva todo esto como ejemplificación extremadamente simplista de cómo está cambiando la vida en una horquilla de, quizás, 150 años. Desde una perspectiva sociológica y antropológica, no estamos preparados para asimilar esto y solo hay que pararse cinco minutos, apagar el móvil y quitarnos los auriculares para fijarnos en las evidencias.
| SMS falso |
Hemos cambiado los usos y costumbres, permitiendo por fin que la mujer pueda trabajar (cosa que me parece estupendo) pero no nos hemos parado a pensar cómo afectaría eso a las estructuras más básicas de la sociedad como son la familia y el hogar.
En lugar de integrar a las personas de los colectivos LGTB (y todas las letras que queráis) como nuevos modelos de familia, directamente hemos atacado a la familia y renegado de ella. A su vez, el poder adquisitivo de cada persona de un hogar se ha visto (aquí sí a fuego lento) reducido a la mitad de forma que, ahora trabajando dos personas en lugar de una, a duras penas da para mantener un hogar cuando antes el marido con su sueldo podía hacerlo.
A su vez hemos intentado cambiar las formas de hablar, lo cual ha llevado a cientos de barreras comunicativas y hoy en día es más difícil (oh! the irony) entendernos que nunca pese a estar en la era de las comunicaciones.
Hemos reconfigurado toda la estructura bancaria y obligado a una persona que ha crecido hablando con alguien para hacer sus gestiones en el banco a trabajar con máquinas que a duras penas pueden comprender. Su coche, cuyo depósito antes le llenaba una persona con guantes, experiencia y equipo, ahora tiene que cargarlo él mismo de combustible. Cuando hace la compra, tiene que pasar los códigos de barras de los productos por otra máquina para que sean facturados y tampoco es algo que se le dé bien. Para cualquier gestión necesita un teléfono móvil que no sabe usar bien y tiene que pasarse el día pidiendo ayuda.
Y ahora os pregunto ¿Cuántos de los que leéis esto tenéis un sub-hilo mental diciendo “no ha dicho ella en ningún momento y el ejemplo también puede aplicarse a las mujeres”? El ruido comunicativo ha llegado a tal nivel que se ha perdido la confianza en que el interlocutor, de cara a transmitir un mensaje con sus palabras, obre de buena fe y no pretenda excluir a nadie y, mientras nos preocupamos de si ellas o no están excluidas de mis pensamientos, olvidamos de lo que hablamos, pero por favor, volvamos al hilo principal.
Ese abuelo, de repente, vive en un mundo cuyas normas sociales, comunicativas y vitales son, literalmente alienígenas para él (o para ella si así somos todos más felices). Si un día cede paso a una chica es un machista cuando “en sus tiempos” era un gesto de caballerosidad. Dice “buenos días” y la gente le mira con extrañeza como queriendo decir “¿Quién es esta persona como para hablarme?”.
Y permítanme ustedes preguntar ¿Acaso todo esto nos está llevando a un mundo mejor? En algunos aspectos quizás sí, pero en otros no lo tengo tan claro. La familia, en la que creo, se está viendo seriamente dañada. Muchísimas personas, y aquí sí incido, hombres y mujeres, están viéndose solas en el mundo según se acerca el otoño de sus vidas y ya aviso, no es ese plato de buen gusto para nadie.
La natalidad está bajando, la economía es inestable pues se tomaron decisiones basadas en la bonanza de la natalidad y ahora no la hay. En este “primer mundo” nuestro, pese a vivir en la mejor comodidad, la infelicidad está por las nubes y la tasa de suicidios se está disparando. Si uno mira las cosas en perspectiva, las cosas no están mejorando, ciertamente.
| Equilibrio tenso |
La ciencia ha entrado con mucha fuerza en una época donde predominaba la fe. De repente, le hemos dado la patada a la fe y la espiritualidad y la hemos reemplazado por un Iphone. Lo entiendo, sinceramente. La fe en un momento dado se volvió demasiado soberbia, ebria de sí misma y de su poder, y empezó a considerarse dios en lugar de un simple avatar de éste.
Ahora la ciencia lo mueve todo y nadie escucha cuando la fe nos dice aquello de Ian Malcolm de “La pregunta no es si se puede, es si se debe”. Y eso nos lleva al principio. Hemos innovado tan rápido que no nos paramos a ver si nuestra innovación es benigna para nosotros mismos.
| Espiritualidad VS Ciencia |
Ahora ha llegado el progresismo y nos dice que todo debe cambiar, y de repente, ser conservador o simplemente disentir es ser “facha-franco-pantano” y lo mejor que se puede hacer es callarse y disfrazarse de “progre” para que no te cancelen y echen de tu trabajo.
Si os fijáis, es lo mismo que decíamos antes con la fe, pero al revés. Son lo que yo llamo los “homogeneizadores del pensamiento”. Son personas, o grupos de personas, que generan en su cabeza un “mundo perfecto” y que cuentan con las herramientas necesarias (carisma, dinero, gente) para llevar a cabo su idea de un mundo perfecto.
| Ecuación balanceada |
Y es que, y aquí tenemos la verdad incómoda, nadie es perfecto, ni los glorificados héroes, ni nuestros amadísimos (normalmente) padres, ni las personas cuyas leyendas nos cuentan que eran seres virtuosos a más no poder. Todo el mundo empieza en la vida cagándose encima en este mundo y, en ciertos casos, acaba la misma de la igual manera.
La cuestión es que, como se dijera en tantas ocasiones, el “equilibrio se ha roto” y ahora uno de los dos bandos, el progresismo y la ciencia en este momento dominan la fiesta y no dejan espacio al conservadurismo y la espiritualidad. En el mundo son importantes los contrapesos y las disensiones, pues evitan que nos vengamos arriba por mucha razón que creamos tener pues ninguno estamos libres de caer en la soberbia del ego en algún momento de nuestras vidas.
| Equilibrio de opuestos |
En definitiva, es necesario que dejemos hablar a la otra parte y permitamos aflojar el fuego, para que el plato tenga tiempo de cocinarse a fuego lento, absorber y mezclar bien los sabores y, quizás, luego comerlo con calma, paladearlo, disfrutarlo y, de ser posible, con buena gente a nuestro alrededor.



